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Euforia, fascinación, nostalgia. La primera por el volumen de información y el crecimiento de las conexiones. La segunda de la mano de la tecnología, que no garantiza de por sí la calidad periodística. Nostalgia por un mundo, unas prácticas, que ya no son ni serán: las de la cultura del cierre.
Con ese diagnóstico, hace ya más de tres años, pero en un libro que
acaba de publicar la FNPI , Jean François Fogel abría su reflexión sobre las transformaciones en la profesión a partir de la irrupción de Internet. Son tres actitudes que siguen vigente en nuestras redacciones. La
euforia por los crecimientos en los sitios de los diarios oculta a veces la incertidumbre por qué ocurrirá con el modelo de producción en declive del papel y sin saber si, para las empresas, el soporte web otorgará alguna vez la rentabilidad esperada. La
fascinación tecnológica se combina con la frustración por las imposibilidades técnicas ligadas a la falta de inversión.
Nostalgias varias: por el declive del lugar que ocupa el periodista en esta nueva matriz comunicativa pero también, aunque sea alguito, y más bien inventada, por la ausencia en el contexto latinoamericano de una apuesta por la investigación periodística en los nuevos formatos. Esas son mis addendas.
Ustedes ya saben que
hoy se titula para Google. Fogel decía entonces en ese encuentro de maestros que los periodistas hoy compiten con los algoritmos, ya sea del motor de búsquedas, de
Google News (o similares) y de los propios sitios informativos, como el
Le Monde. "El público no se acerca a lo que fue seleccionado por los periodistas sino a las listas que preparan los algoritmos (...) Cuando aparece una nueva forma de acercarse a la noticia es lógico que se modifique el estatuto del periodista", dijo este francés.
La otra competencia ya es muy sabida y es la que viene de las nuevas posibilidades que tiene la audiencia, los públicos, con nuevas tecnologías que les permiten modalidades diferentes de apropiación de la información en un contexto marcado por el auge de redes sociales en detrimento de los medios tradicionales. Dijo Fogel que los periodistas han perdido incluso la posibilidad del agenda setting...mencionadas así estas transformaciones de los públicos me resultan difíciles de creer cuando se las piensa a escala global y con la centralidad en términos de masividad que posee la televisión hasta hoy. Pero que hay modificaciones drásticas (este francés adhería a la metáfora del terremoto), no quedan dudas. Me quedo con el último párrafo de su intervención: "Ya sabemos cuál es la cita en el futuro del periodismo: un encuentro con la audiencia que no tiene tiempo para esperar a los periodistas, a menos que su voz, en el océano de la información, se mantenga como algo distinto e imprescindible". La pregunta, sin respuesta por ahora, es, desde luego, cómo.