lunes 10 de enero de 2011

El arte de la crónica


Desde hace tiempo que veía El arte del asesinato político. ¿Quién mató al obispo? en las librerías pero no me decidía. Unas 480 páginas me desalentaban: ahora que lo terminé me siento como si hubiera desaprovechado el tiempo transcurrido desde su publicación en 2009 (aquí está el primer capítulo).

El libro de Francisco Goldman está a medio camino de la crónica y del periodismo de investigación para contar, a través de la historia del asesinato de monseñor Juan Gerardi en Guatemala, la lógica del poder en una sociedad latinoamericana azotada por las dictaduras, las "guerras" implantadas por la Escuela de las Américas y la reconversión del brazo militar en crimen organizado.

Gerardi fue asesinado en 1998, tres días antes de presentar el Nunca Más de Guatemala que la Iglesia de su país promovió para detallar con nombre y apellido a los responsables de crímenes de lesa humanidad. En la contratapa del libro se citan los elogios deJohn Lee Anderson, quien compara al trabajo de Goldman (padre estadounidense, madre guatemalteca) con una "novela policíaca verdadera". Y tiene razón. Con qué maestría se maneja un sutil suspenso mientras se reconstruye el crimen, se asiste al juicio y las etapas posteriores.

Fueron ocho años de trabajo de un caso que primero obtuvo una condena y luego una revocatoria, para que la sentencia sea finalmente confirmada por la Corte Suprema y el órgano constitucional guatemalteco.

Goldman polemiza discretamente con los periodistas Maite Rico y Bertrand de la Grande, quienes publicaron un libro antes con una mirada opuesta y fuertemente crítica del juicio que condenó a los responsables. Rico y De la Grande son conocidos también por haber publicado quela recuperación de los restos del Che eran supuestamente un fiasco y que también lo era elsubcomandante Marcos. Si les interesa el contrapunto, pueden leer esta entrevista a Goldman.




En otro reportaje, el autor deja estos conceptos:

-"Originalmente pensé que esto iba ser un libro breve y fácil. Escribí primero dos artículos sobre el caso, uno en la revista New Yorker sobre el asesinato de Gerardi y otro sobre el juicio en The New York Review of Books. Para el libro pensaba unir los dos artículos y ya, pero entre el 2001 y el 2007, el caso enloqueció, se puso todavía más terrible, interesante y peligroso".

-"Aparezco donde es relevante, porque yo estaba ahí y, hasta cierto punto fui participante. Sabía que había una sola manera de conseguir precisamente el libro: fidelidad completa al caso mismo, incluyendo las partes que viví al lado de los protagonistas".

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domingo 3 de octubre de 2010

Por qué la revolución tal vez sí sea tuitiada

Mucho ruido acaba de producir la publicación en The New Yorker del artículo Pequeño Cambio. Por qué la revolución no será tuitiada, del periodista y escritor Malcom Gladwell, cuya tesis está implícita en ese título y bajada: Facebook o Twitter sólo generan pequeños cambios y no revoluciones. Aquí va una pequeña y rápida lectura de mi parte. Apenas un poco más que un tuit.

Gladwell centra en dos puntos su crítica a la concepción según la cual Twitter o Facebook, o cualquier dispositivo de los social media que venga después, será el motor de una revolución: implican lazos débiles y no involucran actividades de alto riesgo. Esto en contraposición, por ejemplo, con el activismo de los negros en los '60 que impulsaron la revolución de derechos civiles en Estados Unidos.

Con razón, creo, sostiene que ni las recientes protestas en Irán -pagadas con sangre- o en Moldavia, supuestamente el primer hito del nuevo activismo social, tuvieron en Facebook o en Twitter su núcleo. Ni el uso de estas redes es tan extensivo ni el uso que se hizo en las lenguas nativas fue captado por los usuarios anglosajones, por lo tanto: ¿realmente hay fundamento para esta euforia tecno-comunicacional?

No soy experto ni en acción colectiva ni en cambio social. Pero sí me atrevo a señalar que Gladwell comparte con aquellos a los que critica la misma debilidad: atribuirle a un dispositivo o a una práctica comunicativa una causalidad y una exterioridad de otras relaciones sociales -y políticas y culturales y...- que no posee. Si la crítica es para poner en foco las exageraciones de los eufóricos, estoy de acuerdo. Pero Gladwell desiste de pensar cómo las prácticas comunicativas de los social media se integran con otras prácticas.

Si estos medios sociales se convierten en centrales para determinados actores que intervienen en el espacio público, y si -pongamos por ahora que no cuestionamos estas dos tesis- logran lazos menos débiles y compromisos con actividades de riesgo, porque hay otras conexiones con grupos e instituciones, ¿por qué no pensar que “la revolución” no será tuitiada o sus iniciativas y consecuencias compartidas por Facebook, no siendo estos medios causas sino factores constitutivos de prácticas más amplias, y vinculadas además con otras esferas de una matriz comunicativa y social en la cual los medios y la lógica informática tienen cada vez más peso?

Escribí esto antes de leer las respuestas de Gladwell a los lectores y nuevos críticos que se ganó. Me voy ahí ahora.


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miércoles 22 de septiembre de 2010

Las redacciones deberían estar vacías...














Prometo que desde ahora, cada vez que vaya a un congreso, me voy a fijar en las credenciales plastificadas y voy a leer los nombres. Gustavo Gorriti, periodista peruano que acaba de recibir el premio Homenaje de la FNPI por sus trababajos sobre Sendero Luminoso y Vladimiro Montesinos, entre otros, estuvo sentado a mi lado en la Conferencia Latinoamericana de Periodismo de Investigación. Me enteré cuando todo terminaba que era Gorriti, el mismo que me habían recomendado cuando investigaba la historia de Liñán Vásquez pero que no había podido contactar.

Si hubiera leído su credencial tal vez hubiera podido preguntarle por IDL-Reporteros, el sitio de periodismo de investigación alternativo a los grandes medios de Perú. Y si bien no hubiera sabido que estaba por ganar tremendo premio, tal vez sí me hubiera enterado que hace judo y que recién comenzó a trabajar como periodista a los 33 que empezó a investigar sobre Sendero casi por casualidad. Todo esto para recomendarles que no dejen pasar la ocasión, como yo, que lean esta muy buena entrevista que se publicó en la FNPI en la que cuenta sus comienzos, sus durantes y sus apuestas actuales. Por ejemplo, dice:
... las redacciones durante el día deberían estar vacías, debería haber equipos moviéndose por todo el Perú, y debería haber gente investigando todo el tiempo, y todos los días deberían estar peleando cuatro o cinco reportajes por ver cuál es de primera página. Así no tendrían que temer el avance de las nuevas tecnologías, de la televisión y todo eso. Porque no hay nada, absolutamente nada, que reemplace al reportaje directo.



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domingo 5 de septiembre de 2010

Semana gana el premio Ipys por espionaje del DAS












La "KGB colombiana" llevaba a cabo "una sofisticada operación de seguimientos, rastreos de cuentas y monitoreo de la vida privada de magistrados, políticos y altas personalidades del país", publicó la revista Semana en el trabajo "Espionaje e interceptaciones ilegales en el DAS" (ver acá) que acaba de ganar el Premio Latinoamericano de Periodismo de Investigación.

La investigación "tuvo un fuerte impacto porque la DAS dependía de la Presidencia colombiana" y llevó a que la Fiscalía y la Procuración abrieran actuaciones para encontrar a los responsables", dijo el jurado, según reporta la agencia EFE. El premio se entregó anoche en Buenos Aires, aquí en la segunda Conferencia Latinoamericana de Periodismo de Investigación, donde esta mañana Alejandro Santos presentó en nombre del equipo de Semana el trabajo.

El colega colombiano recordó en su exposición que había un enfrentamiento muy fuerte entre el Gobierno de Uribe y la Corte Suprema, que lo investigaba por la penetración del paramilitarismo. Ese fue el marco desde el cual el DAS espiaba en forma clandestina a magistrados, periodistas y dirigentes opositores.

En soledad. Después de meses de trabajo sin publicar nada, las fuentes comenzaron a pensar que los periodistas de Semana eran parte de la contrainteligencia y que no querían la información para fines periodísticos.

Cuando comenzaron a publicarse los informes, en la Semana se sintieron en soledad. "Estábamos totalmente solos, el mensaje del Gobierno era que habíamos sido manipulados por ex detectives que habían sido hechados por corruptos. Esa tesis la compra la mayoría de los medios", dijo.

Operaciones. Después, contó Santos, hubo hasta una operación por televisión en la cual se pretendía mandar un mensaje a sus fuentes con la versión de que los periodistas de Semana habían revelado quiénes habían, porque los periodistas se reunieron con los fiscales.

No fue la única operación. "Hubo testigos falsos. Hubo tres episodios, uno en el que un testigo se deja grabar diciendo cosas falsas. Dos, un documento falso muy bien hecho, y tres, una fiscal adscripta al DAS que llevaba una investigación paralela ilegal tratando de desprestigiar (la original)".

Santos considera que el equipo de Semana jugó "un papel de orientadores en las investigaciones judiciales". Sobre todo porque hubo cuatro responsables judiciales a cargo en lo que va del caso.

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jueves 2 de septiembre de 2010

El segundo anuario de Fopea

Anuario FOPEA 2010



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